Le pregunté a la gitana sobre mi soledad. Sobre cómo llevarme bien con mi aposento personal. Ese personaje que nos conversa en nuestra mente cuando nadie más lo hace de viva voz.
Éstas fueron sus palabras:
Veamos en tu pasado: Te concentraste en mejorar tu situación económica, era casi lo único que ocupaba tu mente, tu tiempo, tu corazón. Tuviste algunos reveses del destino, importantes y eso te dio una sensación de ser "desgraciado". Por otro lado te bastaban tus amigos más íntimos, más cercanos, es decir no te importaba construir redes alternas o secundarias de relaciones. Digamos que comenzaste a vivir nuevos comienzos, importantes todos juntos y esto otra vez drenó tus energías. Aunque en el fondo eres una persona con fuertes emociones tratando de ser contenidas que da a los otros una apariencia de frialdad. Entonces el resumen de ese pasado o mejor dicho, la bisagra de ese pasado a esta pregunta, es que ya te cansaste de luchar. De pelear contra tu necesidad humana de estar acompañado, de ser emocional, de ser dichoso.
A este punto me pareció interesante este aspecto de la dicha. Pensé en la forma que una sociedad puede creerse con derechos de saber a quién concederla o quitarla. Pero ella continuó.
Ah me faltó en el pasado otra cosa con la que peleabas o luchabas, todas esas transformaciones tremendas por las que estabas pasando, era como si te resistieras y dijeras "no es nada".
Éstas fueron sus palabras:
Veamos en tu pasado: Te concentraste en mejorar tu situación económica, era casi lo único que ocupaba tu mente, tu tiempo, tu corazón. Tuviste algunos reveses del destino, importantes y eso te dio una sensación de ser "desgraciado". Por otro lado te bastaban tus amigos más íntimos, más cercanos, es decir no te importaba construir redes alternas o secundarias de relaciones. Digamos que comenzaste a vivir nuevos comienzos, importantes todos juntos y esto otra vez drenó tus energías. Aunque en el fondo eres una persona con fuertes emociones tratando de ser contenidas que da a los otros una apariencia de frialdad. Entonces el resumen de ese pasado o mejor dicho, la bisagra de ese pasado a esta pregunta, es que ya te cansaste de luchar. De pelear contra tu necesidad humana de estar acompañado, de ser emocional, de ser dichoso.
A este punto me pareció interesante este aspecto de la dicha. Pensé en la forma que una sociedad puede creerse con derechos de saber a quién concederla o quitarla. Pero ella continuó.
Ah me faltó en el pasado otra cosa con la que peleabas o luchabas, todas esas transformaciones tremendas por las que estabas pasando, era como si te resistieras y dijeras "no es nada".
Ahora el consejo. Bueno. ¿Qué se necesita para lidiar con la soledad? Primero, flexibilidad, soltar un poco los "debe ser" y aceptar lo que es, con respecto a uno mismo, a los demás, a las circunstancias. Ser justo y equilibrado con la delicada dinámica del dar y recibir. Si necesitas pide, si otro necesita de ti y tú tienes aquello, dáselo. Pero ojo, no des a personas que no se lo merecen porque ésa es la peor trampa de la soledad. Esperar sentados a que nos retribuyan y tampoco mendigues. Pedir no es mendigar. Y si no mendigas, no permitas que otros te mendiguen. Y bueno estar consciente de que has estado alejado, solo, ermitaño un tiempo considerable. Debes estar entonces receptivo tú, no los otros. Se me ocurre que es como si hubieras estado en una cueva y al salir debes dejar que tus ojos se acostumbren a la luz nuevamente. Observar, receptar las señales de nuevos rumbos, caminos, oportunidades para salir , dejar la soledad de tu cueva.
No prometí no refunfuñar. Pero seguí escuchando.
Recuperar el encanto por el mundo, por la gente, por lo que pueden ofrecerte, vivir tus nuevos retos como una ilusión, no como un sacrificio por el cual la gente debe aplaudirte. Se supone que debes estar ilusionado y la gente ilusionada y entusiasmada; es como un imán para los otros. Ya pasó la hora en la que se necesitaba que te probaras a ti mismo y al mundo que eras capaz de doblegar, de tener señorío sobre los acontecimientos. Ya no es hora de demostrar, es hora de disfrutar lo conseguido. Disfrutar de la vida con las vísceras, más que con la mente. Y como resumen del consejo... Estás en casa, ha sido un largo camino, disfrútalo y ese disfrute atraerá a gente buena, entusiasta, sintonizada con eso a celebrar contigo.
He dicho.
Personalmente, me llevo al corazón lo que me llame la atención. Lo de la dicha y lo de no dejar que otros me rueguen.

